Acabemos de una vez con esta farsa: evidentemente Julio Román es un pseudónimo, y la ilustración que se supone lo retrata es un mix hecho por computadora. Soy de esos que tiran la piedra y esconden la mano, sí, lo anuncio a los cuatro vientos y además ofrezco mis servicios: mándenme sus piedras; yo las tiro por ustedes. Lo mío es una labor social. La enorme cantidad de cartas, videos y grabaciones que llegan a la redacción de la revista SoHo, con el calumnista Julio Román como destinatario, así lo atestiguan. Algunas personas están desesperadas por publicar lo que saben, lo que han visto, lo que han oído a escondidas, pero no se atreven y no las culpo. Después de lo que le pasó a Parmenio a ver quién se atreve en Costa Rica a abrir la boca, ni siquiera en broma. A veces me mandan cartas de simple agradecimiento. “M’hijito, Dios lo bendiga y lo proteja. Deberíamos declararlo prócer de la Patria”, me escribía el mes pasado una anciana nonagenaria. Otras veces, los paquetes que me llegan son verdaderas bombas mediáticas, capaces de cambiar el rumbo político de un país…, como sucedió la semana pasada. El paquete, pequeño y discreto, pasó los controles de seguridad del Grupo Nación. Lo único estrafalario era que había sido enviado desde Oruro, Bolivia, lugar que habrá escogido el remitente para despistar lo más posible. Dentro, envuelto en un papel, había un casete de audio, formato arcaico que se explica porque la grabación contenida en él data de 1998. Aquí mismo, en la redacción, nos servimos un café y nos pusimos a escuchar la cinta. Agárrense, si no se quieren caer de espaldas. Se trata de una grabación clandestina de una reunión que sostuvieron un expresidente y su Ministro de Medio Ambiente. Eso decía un papel pegado en la cinta; no daban pruebas de ningún tipo. El entonces Presidente y su Ministro se han reunido en una casa en Turrubares de forma híper secreta, pues se disponen a hacer el chanchullo más cochino de la historia reciente de nuestro país. Sin asco, sin que les tiemble la mano, van a cambiar a escondidas la Ley de Hidrocarburos para que dos grandes petroleras (Harken y Mallon) puedan hacer en nuestro país lo que les dé la gana, a sus anchas, sin permisos ni trámites ni estudios de impacto ambiental. De la grabación solo se han podido rescatar unos pocos minutos, pero valen su peso en oro. Presidente: Uy, qué ricos están estos gallitos. Uno imagina que el Presidente le dio a su arrastrado Ministro un buen fajo de dinero, pero, según unos expertos del OIJ, se oye de fondo que el supuesto Ministro dice: “Qué rico, de malta”, lo que hace pensar que vendió a su país por una botella de whisky de malta. Aún no se sabe cuánto le untaron al entonces Presidente, si es que algún día lo sabremos, pues los expertos dicen también que toda esta cinta podría ser una puesta en escena de algún ecologista trastornado. | |