 |
Poder tomarse un buen café, denso y aromático, en cualquier sodita, por humilde que sea. |
 |
Taxistas que lo consideran a uno un cliente. |
 |
Más semáforos y pasos peatonales (son unas rayas pintadas que significan que los carros tienen que frenar por los humanos). |
 |
Transporte público más caro, no importa, pero decente. |
 |
La voluntad de integrar a los inmigrantes. |
 |
El antirracismo beligerante. |
 |
Entrar a una tienda con cien euros y salir hablando por un celular propio. |
 |
Oferta de zapatos de mujer sin tacón. |
 |
En general, una manera menos emperifollada de entender la feminidad. |
 |
Poder ir a Estados Unidos sin preocuparse por la visa. |
 |
Una ironía permanente con todo lo que huele a gringada. |
 |
Una cosa que se llama Estado laico. Parece una tontería, pero marca la diferencia. |
 |
Un generalizado espíritu detractor con todo el aparataje eclesiástico. |
 |
Una sexualidad un poquito menos culposa. |
 |
Existencia de burgueses esnobs que se hacen llamar “de izquierdas”, y que ayudan a equilibrar la balanza. |
 |
Poder ganarse la vida escribiendo. |
 |
Librerías enormes y bien surtidas. |
 |
Y una clase social que las visita. Hasta gasta dinero en libros. |
 |
Un periodismo crítico, literario, y por eso más veraz. |
 |
Poder reír las tonterías de Hugo Chávez. Considerarlo un bufón, no un demonio. |
 |
Una consolidada industria de publicidad y televisión. |
 |
El derecho al aborto. Pagado además por la Seguridad Social. |
 |
Viajar a países vecinos sin parar siquiera en las fronteras y sin cambio de moneda. |
 |
Homenajear a Chavela Vargas como se lo merece. |
 |
El matrimonio entre homosexuales. |
 |
Poder pedirle al vecino que baje la música, sin que el raro sea uno. |
 |
Poder ir al trabajo en jeans (sin que el raro sea uno). |
 |
Poder tirarse en el zacate de un parque a descansar y darse besos (sin que el raro… etcétera). |