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El joven premio Alfaguara 2011 desnuda a una Colombia llena de conflictos.
El ruido de las cosas al caer Juan Gabriel Vásquez, Alfaguara, 2011.
No hay un gran factor sorpresa detrás de este premio. Quien haya leído Los informantes (2007) y más adelante Historia secreta de Costaguana (2009) sabe que Vásquez tiene un talento extraordinario para armar, degustar y relatar historias: es un maestro del idioma. Meticuloso y detallista, elabora con fineza cada una de sus ideas sin desapegarse de la claridad que requiere siempre aquel escritor cuyo fin último es darse a entender. Vásquez es así, complejo, pero no. El autor colombiano es un tipo cool, de saco sin corbata y tenis Adidas, dueño también de una inteligencia excepcional que supo cultivar hasta el límite (se graduó como doctor en Literatura Latinoamericana en la Sorbona, París). Su afán por rescatar el verbo escrito y por no desprenderse de la vieja escuela (como lo hacen sus colegas generacionales) lo ubica como un bicho extraño, pero sobre todo interesante. En El ruido de las cosas al caer conoceremos la historia de la narco Bogotá de los noventa (y más atrás), revalorada y reinterpretada por Antonio Yammara, un profesor de Derecho que quema los últimos cartuchos de su juventud mientras busca las respuestas a una vida plagada de dudas y temores. Es así como conoce a Ricardo Laverde, compañero de billar quien fuese liberado tras veinte años en prisión; fichita entre las fichitas, exaviador y especie de figura paterna del personaje principal. Entre ambos se establece una intensa amistad que va de la mano con los hechos violentos que fueron marcando y lacerando a Colombia, hasta su eventual “caída”. ¿Cómo llegamos hasta este punto? ¿En qué momento dejamos de ser la persona que éramos? ¿En qué momento nuestro país se abandonó? Antonio quiere encontrar las respuestas que le inquietan a partir de su nuevo referente inmediato, a quien percibe como un enigma particular de un rompecabezas mucho más grande. Mientras más investiga Antonio, más clara es la huella rojinegra del narcotráfico, signo ineludible de la decadencia que marcó a toda su generación, de una u otra manera. ¿Cómo escapar a un cielo gris que lo tapa todo? Antonio no puede más que contar su historia para no olvidarla, para que no se pierda, para que no se repita.
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Mauricio Orellana. Lanzallamas, 2011
El primer referente que usted necesita de Mauricio es el Premio Monteforte Toledo de Novela que ganó recién en el 2010, precisamente con esta pieza que se presentó al concurso bajo el título Así Nacidos. El autor, de nacionalidad salvadoreña, crece, y la editorial costarricense Lanzallamas, también: se da el lujo y el gusto de editar este trabajo que desde ya promete ser uno de los más relevantes de la literatura centroamericana del nuevo siglo. Esta no es la típica lectura para pasar el rato ni matar el tiempo, es un volumen pesado (aunque igualmente entretenido) de casi 500 páginas, durante las cuales Orellana aborda, sí, un tema clave de actualidad (el matrimonio gay), pero también el trasfondo particular que rodea a esta figura en el istmo, ligándola, como es de esperar, a otros temas tabú clásicos de la sociedad mojigata, represiva y de doble moral contra la que batallan las diferentes minorías aludidas en Heterocity. Las historias se van cruzando las unas con las otras en un relato que no busca otra cosa más que sentar un precedente de la verdadera dignidad e igualdad; esa que, por razones anacrónicas, no es abrazada por las cartas magnas de nuestras repúblicas bananeras (oh, la ironía).
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Isabel Allende. Plaza & Janés, 2011
Mujer astuta, Isabel Allende. Desde La casa de los espíritus (1982) no ha conocido Latinoamérica una autora más leída y nombrada; todo el mundo tiene que ver con ella, para bien o para mal. Allende no pierde mucho tiempo atendiendo críticas y más bien pareciera avanzar siempre de acuerdo a un plan muy bien delineado. En esta ocasión, su idea es capturar a un nuevo público, un nuevo mercado: el de los jóvenes. La elección de una protagonista que a los diecinueve años hace el viaje de su vida (desde Berkeley, EE. UU., hasta la isla de Chiloé, en Chile) es astuta pues por ahí es donde empieza a conectar con la audiencia que pretende enamorar ahora, quizá para que pase después a leer sus otras obras en el Kindle. La novela, como tal, se sostiene en el imaginario acostumbrado de Allende: dramas familiares, amor, amistad, secretos, etc., de modo que su público fiel difícilmente se sentirá decepcionado. Otro de los ganchos para los no iniciados es el hecho de que, esta vez, Allende se aleja de la novela histórica o “de época” (típica de sus últimas entregas) y apuesta por un relato contemporáneo, ubicado en pleno 2009.
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