Material inflamable
- Por Revista SoHo
- Publicado 07/11/2011
- Sofia
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Soy material inflamable y, por lo tanto, propensa a la excitación. Yo no entiendo cómo 93% de la población femenina asegura nunca haber tenido una experiencia multiorgásmica. No siento pena por ellas, lo que me da es una tremenda curiosidad por saber cómo hacen para aguantarse las ganas. Andar prendida todo el tiempo tampoco es fácil… Yo pienso en mis vecinas, mis compañeras de oficina y cada una de las mujeres que caminan por estas calles. Me pregunto cómo no se vienen como lo hago yo. Sé que de entrada decirle a un hombre que uno no ha terminado y que por favor todavía no pare, se pasa de honesto y directo. No es fácil. Pero, a ver, es inevitable una vez que ya se está ahí. ¡Es como dejarse arrebatar las últimas cucharadas de un helado de chocolate belga! El asunto es saberse protagonista y, en consecuencia, responsable total y completamente del curso que tomen las cosas. Como quien dice, pellizcarse y entrarle al sexo con la llama encendida. Me atrevo a decir que el orgasmo, más que una sensación física, es un estado mental o una actitud ante la vida. El principal músculo en materia sexual es la imaginación; ahí está el secreto de los orgasmos y, en realidad, de cualquier realización que haya sido deseada: primero hay que imaginársela. No es mi intención sonar new age, pero sí es necesario olvidar todo, respirar profundamente y entregarse a la situación. Hay que disfrutar el momento y coger como si el mundo se fuera a acabar al minuto siguiente, dándole rienda suelta al erotismo. Gritar con entusiasmo, participar de la situación activamente, incorporar juguetes sexuales y darse una mano. No inhibirse y pedir gustos, decir sin reparo: “por nada del mundo parés; no parés, no parés”, o bueno, también se vale en positivo: “seguí, seguí, seguí, sí, más, más…”. Para ser material inflamable no se debe perder oportunidad para imaginar que se está en una situación de placer que, con unos cuantos ajustes, podría llevar al placer sexual. Por ejemplo, un día común y silvestre, después de la oficina, uno pasa al supermercado. Adiós tabúes, y bien... Uno se distrae escogiendo pepinos en el área de verduras con el mismo entusiasmo que escogería una verga para más tardito. El placer es un juego al cual uno decide abrirse y no un cuento que le sucede a otros. Por otro lado, no detenerse es siempre la clave. Uno empieza en el supermercado por los pepinos y no está de más comprarse unos condones por si acaso, escoger unas candelas por el quizás y llevarse una botella de vino para estar preparada. Aquí es importante decir que la búsqueda por el orgasmo múltiple no es un camino solitario y, lo que es más, ni siquiera hay un solo camino. En buena compañía se le llega por la penetración constante, un poco de juego por el clítoris, paseos por los pechos y las nalgas. Importantes, sin duda, las palabras, los sonidos, el ritmo de la respiración, permitir las contracciones musculares. Además, no todas lo vivimos del mismo modo. Para algunas es como un pico de placer único sostenido en el tiempo y para otras es más como varios picos, uno tras otro. A mí, cualquiera de los dos me parece perfecto y delicioso. En fin, aquello que empieza con la fantasía de un pepino rellenito en el supermercado sigue con una mirada decidida al otro día y continúa con caricias estimulantes. Así se va uno entregando al contacto físico, al mismo tiempo que la experiencia va llevando hacia la plenitud y la capacidad de no solo pasarla bien, sino de gozar. Y, por supuesto, como ya lo dije |
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