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Ketel One es sinónimo de calidad, pero también de tradición y de ingenio publicitario. Caballeros, choquen copas: esto es vodka.
Trescientos años de tradición y una muy inteligente campaña de mercadeo han llevado a Ketel One a conquistar el mundo desde la ciudad de Schiedam, Holanda (la capital de los espíritus). Hace once generaciones, la familia Nolet no sabe ganarse la vida de otra forma que no sea produciendo vodka a partir del más tradicional de los procesos: alambique de cobre al carbón, y vámonos.
El Ketel cruzó el Atlántico en el 92, pero fue hasta el nuevo siglo que la familia Nolet decidió impulsar su consumo con una campaña masiva. Luego de desestimar las propuestas de cuatro agencias de publicidad que sugerían el típico anuncio de la chica en el bar, se entusiasmaron con la idea de M&C Saatchi: una página que solo decía “Querido tomador de Ketel One, gracias”. Letras negras. Fondo blanco. Nada más.
La campaña se desarrolló a partir de este concepto, con una serie de mensajes crípticos que incluso llegaron a irritar a muchos. ¿El resultado? Además del deseo que tiene usted en este momento de un Ketel en las rocas, la masificación y consolidación de una marca que, a pesar del éxito, no ha cambiado sus reglas de juego: desde 1691, un miembro de la familia Nolet da personalmente su visto bueno al producto de cada temporada.
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