Ir a una compraventa se parece mucho a salir de cacería. Algunas veces se va por la presa exacta, otras no se sabe qué se puede encontrar.
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El Erial es todo lo contrario a lo que su nombre sugiere. Lejos de imaginar un lote baldío de conocimiento, remítase usted a una imagen mental mucho más agradable: la del abono más profuso y diverso que su cerebro pueda encontrar en la urbe josefina. Si usted es ávido lector, no le estamos contando nada nuevo, probablemente ya conoce este discreto, pero fantástico destino. Si, por otro lado, recién le tomó el gusto a la lectura o lleva años frustrado entre tantos pasillos saturados de libros de autoayuda, típicos de la librería en franquicia del nuevo siglo, puede empezar a escribirnos una carta de agradecimiento, porque aquí le presentamos la manera de llegar a una pequeña Alejandría de nuestros tiempos; sobre todo, de nuestras calles.
El primer atestado de El Erial es quizás el más significativo: ninguna compraventa de San José cuenta con más años de servicio a la ciudadanía. Casi 70 años de sacra historia han visto pasar por estos pasillos a abuelos, padres e hijos, generación tras generación. Su dueño, Manuel López, se comió la bronca de asumir labores desde inicios de los noventa y defender así un legado cada vez más complicado de sostener. Aun así, y a pesar de que Amazon recién dio un golpe a la nostalgia anunciando que hoy día vende más libros digitales que físicos, don Manuel no arruga la cara ni se deja intimidar por los avatares de la postmodernidad. Por el contrario, el hombre lo espera siempre con una sonrisa que no ha perdido, pues, según él mismo cuenta, los clientes no dejan de llegar. ¿No ha tenido suerte encontrando ese libro al que lleva años buscándole la pista? Entonces no lo piense más, dese la vuelta por El Erial y nos cuenta el cuento. Le aseguramos que, incluso si no tiene suerte, no saldrá con las manos vacías. Si no que lo diga el mismo Rubén Blades, quien en cada visita a nuestro país sale con libro nuevo. | |||||||