Revista SOHO - http://www.revistasoho.co.cr/contenido
Prácticas para un día de antojos y lluvia
http://www.revistasoho.co.cr/contenido/articles/1366/1/Practicas-para-un-dia-de-antojos-y-lluvia/Paacuteginas1.html
Por Revista SoHo
Publicado el 06/10/2011
 

Hoy amaneció lloviendo, y he pensado todo el día en sexo, de la misma manera en que uno piensa en el platillo preferido del restaurante predilecto cuando anda antojado de algo muy rico.


Prácticas para un día de antojos y lluvia



Hoy amaneció lloviendo, y he pensado todo el día en sexo, de la misma manera en que uno piensa en el platillo preferido del restaurante predilecto cuando anda antojado de algo muy rico.

Lo quiero en la noche; me gusta con poca luz, la verdad. Esto despierta sentidos menos estimulados que la vista. Aparte, con la experiencia como que los ojos ya no se impresionan por nada. Se me hace más excitante oler la piel de un hombre a que simplemente se me aparezca uno totalmente desnudo enfrente.

Como entrada, quiero que me chupen cada uno de los dedos de los pies. Ya siento esa lengua pasándome suavecito entre los dedos, uno a uno hasta llegar al número diez. Y ahí me vendría bien que simplemente empiece a contarme algo que leyó en el periódico de ayer, ni siquiera tiene que ser algo interesante. Solo necesito eso como gesto de pausa, algo que indique que tenemos tiempo y que no estoy con un aficionado.

De segunda entrada: caricias, y yo participo activamente. Para seguir con los pies, porque tengo ganas de pies, me divertiría masajeando esa espalda que deseo (no digo la de quién, pero el destino se encargará). En esa espalda en específico, mis pies se resbalan con gracia y luego me lo acomodaría entre las piernas para apretarle los costados del torso con mis muslos y tratar de llegarle hasta las pantorrillas con las puntas de los dedos. Yo tampoco mostraría ninguna prisa.

 staría bien un poco de música de fondo, algo sin voces, pero que tampoco sea como para meditar ni mucho menos. Música con ritmo relajante, marcado, para entonarse con los latidos del corazón que poco a poco se agitan. Creo que ya me puse un poco romántica, ya esto más bien va a parecer la carta de petición al divino dador del sexo. ¿Existirá esta divinidad?

Primer plato fuerte: exploración. Hoy no voy a soplar cuáles son mis puntos erógenos, quiero que me traveseen, me vuelvan al derecho y al revés. Seré recíproca. Así que esta noche me inclino por concentrarme en nalgas y poco a poco meterme en la entrepierna; desde atrás me abriré paso a poquitos y sé que algo encuentro por ahí.

Segundo plato fuerte: confesiones. Estoy dispuesta a complacer con lo que me confiesen sea el deseo más anhelado. Es un día especial y ando particularmente dispuesta. Me imagino que estará relacionado con una felación. No lo culpo, pocas cosas superan al sexo oral, y una de ellas es darlo. Dar placer da placer; es un buen negocio al final de cuentas. Con esto además pretendo dar el ejemplo y prepararme para recibir el mismo trato.

Todavía tengo espacio para otro plato fuerte: sin palabras ni resistencias ni indicaciones ni pormenores y, sin más, me dejaré penetrar. Ojalá lo hagamos en sincronía suficiente para que cambiemos de posición unas cuatro veces. Hay infinidad de posibilidades y velocidades para esto, una montaña rusa lo graficaría bien.

El postre podría interpretarse como lo que viene después de que todo terminó, pero cuando aún hay campo para algo más y sobre todo para cerrar con un pequeño gustito. En mi caso, y en un día de antojos como este, sacar mi cualidad multiorgásmica viene al caso. Aunque este piense que soy una loca insaciable tirando a exagerada, si me sigue en esto se dará cuenta de que, lejos de insaciable, más bien conozco mis límites y sé cuándo puedo un poco más. Digamos que aún vamos en esa montaña rusa, y yo espero que este vagón tenga uno de esos pases especiales que lo dejan montarse a uno cuantas veces quiera. Te lo pedimos, divino dador del sexo.