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Tenaz e inteligente, Rebeca Alemán es también una mujer de desafíos y personajes. Así, la que para muchos fue una eterna niña fresa (la famosa Paulina en La Pensión de Teletica), para nosotros era más bien una innata chica SoHo. A ella le confiamos la tarea más complicada: darle una despedida memorable al Cine Magaly. Vaya que lo consiguió.
A los 18 años, Rebeca entró al Taller Nacional de Teatro y no ha podido desprenderse de sus tablas desde entonces. De una u otra manera (como actriz, como público, hoy día como productora), ha gravitado alrededor de un espacio que terminó de definir el destino elegido desde la infancia: la primera vez que vio Beetlejuice supo que lo suyo era la actuación.
Más que Tim Burton, fue Constantin Stanislavski quien marcó sus pasos como actriz, pues Rebeca se instruyó siguiendo las enseñanzas del famoso sistema patentado por el ruso. Enamorada de aquella técnica, pulió sus dotes al lado de los maestros Luis Fernando Gómez y Eugenia Chaverri. Más adelante, gracias a Carlos Alvarado, conoció la obra del dramaturgo inglés Peter Brook, quien se convertiría en otra importante influencia.
Rebeca no tiene preferencia por ningún género en particular, su único norte es cambiar tanto como pueda cada vez que enfrenta un papel, al igual que Sean Penn, uno de sus más notables referentes. Actriz talentosa, pero sobre todo mujer osada, su naturaleza la lleva a enfrentar con gallardía retos como el que le planteó SoHo, tal y como lo hizo cuando grabó la pauta en la cual interpretó a Laura Chinchilla como una marioneta.
Para SoHo, dice haber asumido un papel inspirado en Jessica Rabbit, nada menos. Nos cuenta que en casa nadie se escandalizará, porque desde pequeña lo que le ha sobrado es apoyo y fanaticada. Sabemos que, tras esta icónica sesión en el Magaly, esa barra fiel crecerá mucho más. Ahora solo queda pendiente disfrutar de ella en la pantalla grande, paso para el que ya está más que preparada. |