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Costa Rica vs. Argentina: El partido que no fue.
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Por Daniel Riera
Publicado el 05/19/2011
 
En medio de la euforia de un encuentro que prometía ser el acontecimiento del siglo, la fanaticada se quedó ciega. Daniel Riera nos relata el juego visto desde el otro lado, desde la mismísima tierra del tango y, con una bofetada, nos regresa la vista.

Costa Rica vs. Argentina: El partido que no fue.

Costa Rica vs. Argentina: El partido que no fue.

En medio de la euforia de un encuentro que prometía ser el acontecimiento del siglo, la fanaticada se quedó ciega. Daniel Riera nos relata el juego visto desde el otro lado, desde la mismísima tierra del tango y, con una bofetada, nos regresa la vista.

Por Daniel Riera
Fotografía: Diego Sandstede

Sí, yo puedo escribir 10 mil caracteres sobre esto. Si Jerry Seinfeld se propuso hacer una serie sobre nada y esa serie duró 174 episodios, si Carmen Laforet escribió una novela llamada Nada, si mi tango favorito tiene ese mismo nombre, si Palito Ortega llamó “Sabor a nada” a una de sus pocas grandes canciones, si Les Luthiers hizo durante años un gran espectáculo que se llamó Muchas gracias de nada, pues entonces yo puedo escribir 10 mil caracteres sobre la expectativa que despertó en Argentina este Costa Rica-Argentina (y además, al finalizar este modesto párrafo habré escrito, si no me equivoco, alrededor de 632).

Claro que sí. Yo puedo. Es cuestión de dejarme llevar. Puedo decir que me gusta el fútbol, que voy al estadio todos los fines de semana y que, cuando me encargaron esta nota, tenía una vaga idea respecto de un cruce inminente entre Argentina y Costa Rica, pero ignoraba la fecha y, sobre todo, ignoraba la hora (no saben qué alegría cuando me enteré que se jugaba a las 23, hora argentina). No hablo de otra cosa que no sea fútbol con el carnicero del barrio: le dije que escribiría sobre esto y entonces fue cuando el carnicero se enteró que existía un partido a ser jugado entre Argentina y Costa Rica. No hablo de otra cosa que no sea fútbol con el remisero del barrio que suele llevarme a la estación donde tomo el tren todos los días hacia la ciudad de Buenos Aires: le dije que escribiría sobre esto, y entonces fue cuando el remisero se enteró que había un partido a ser jugado entre Argentina y Costa Rica. (¡Bien! ¡Ya van 1.592 caracteres!).

Ticos. Tiene que haber ticos en Argentina. Ticos que quieran ver el partido. Ticos que se junten a ver el partido en un bar. Mi amigo Luis Chaves es tico y vivió en Buenos Aires. Tiene que conocer otro tico que siga viviendo en Buenos Aires. Lo pesco en el Google Talk: en ese preciso momento chatea con su amigo Jeymer, que vive en Buenos Aires. Jeymer tiene que conocer otros ticos. Y si los conoce, seguramente estarán interesados en ver juntos Argentina-Costa Rica. Chaves me pasa el teléfono de Jeymer. Efectivamente, Jeymer tiene previsto verlo en un bar, más bien diría en una parrilla, con otros dos amigos ticos. Jeymer me cita en La Popular, en el barrio de Almagro. ¡Perfecto! Ahí tiene que haber auténtico clima futbolero. (¡Vamos! ¡Ya van 2.370 caracteres!).

Este es el lugar, sin dudas. Tienen una colección de 180 camisetas, casi todas autografiadas por uno o más jugadores. Una de las mozas me cuenta que las exhiben por grupos de 60, que van rotando. Tienen fotos de grandes equipos, tapas de revistas deportivas, fotos autografiadas de grandes futbolistas que pasaron por allí, tarjetas rojas y amarillas autografiadas por árbitros. Tres televisores, como para que cualquier partido se pueda ver cómodamente dondequiera que uno se siente. Es un lugar pródigo en memorabilia futbolera, un buen lugar para ver un partido serio (porque este es muy importante, ¿no es cierto?). Llego a eso de las 22:45: Jeymer está con un amigo argentino, estratégicamente ubicado frente a uno de los televisores. Hay unas 25 personas esparcidas en la parrilla, más o menos la mitad de su capacidad. No hay mucho clima, pero todavía faltaban 15 minutos y seguramente la gente irá llegando, y seguramente la cosa cambiará en cuanto emerja Lionel Messi con la número 10. Claro que sí… (¡Excelente! ¡Ya van 3.423 caracteres!).

A ver, a ver, a ver… ¡Messi está en el banco! ¡No puede ser! ¿Cómo que Messi está en el banco? ¡Messi está en el banco! ¡Bueno, seguro que Batista lo pone en el segundo tiempo, claro! Llegan más ticos: Irvin, con la camiseta roja de Costa Rica y un modelo blanco más vintage (no puedo decir de qué época: sepan disculpar, no soy especialista en camisetas de C.R.) que le presta en el acto a Jeymer. Gabriela no trajo camiseta, sino un vestido negro, escotado arriba, breve abajo. Eso siempre es bueno. Gabriela me cuenta que es de Tres Ríos, que su abuelo está en el estadio, que la familia le regaló una platea a modo de sorpresa y que el abuelo estaba contentísimo por el presente. ¿Qué pensará el abuelo al ver a Messi en el banco? Bueno, con la paciencia de quienes han vivido, sabrá esperar y tendrá su merecida recompensa cuando Lionel entre en el segundo tiempo. Porque va a entrar en el segundo tiempo, ¿no? (¡Bien! ¡4.371 caracteres!).

Justo cuando está por empezar, se va una pareja. Imagino que vivirán cerca: supongo que prefieren verlo en sus casas, tranquilos, mientras toman mate. O quizás a ella no le interesa demasiado el fútbol: leerá un libro en su habitación o chateará con sus amigas mientras él lo mira (porque lo va a mirar… ¿Cómo se va a perder este apasionante Argentina-Costa Rica?). Detrás de nuestra mesa hay unos colombianos: se sentaron apuntándole al mismo televisor que nosotros. A juzgar por la ubicación, es evidente que vinieron a mirar el partido, aunque los veo conversando muy animadamente con las mozas. No ha llegado más gente, es raro: la gente que está en La Popular no parece muy concentrada. Quizá están un poco fríos: acaba de empezar y cuando empiecen a sucederse las jugadas de gol, los momentos electrizantes, se van a enganchar. Claro que sí. (¡Llegué a la mitad!¡5.265 caracteres!).

“Quiero emociones, porque si no va a ser complicadito”, dice Walter Nelson, el relator argentino. “Todo demasiado sereno”, dice Irvin. Isis se ríe. Isis es una amiga argentina de Irvin. Se levantan dos amigos de una mesa. Se van. Es evidente que no piensan mirar el partido: si pensaran mirarlo en otro lugar, no habrían esperado hasta el comienzo para irse. Puede ser que estén decepcionados por la ausencia de Messi, pero en ese caso, serían unos impacientes, porque ya dijimos que Messi va a entrar en el segundo tiempo . Claro que sí.

No conozco a nunguno de los jugadores de Costa Rica. Me cae simpático, por su apellido, Celso Borges. Recuerdo el amistoso anterior entre Argentina y C.R. No estuvo mal. Maradona estaba probando jugadores del fútbol local, salió entretenido, sin mucha marca, de ida y vuelta. Argentina ganó 3 a 2, la gente la pasó bien y los ticos quedaron conformes con el desempeño de su equipo. Si este sale más o menos como el de 2010, me doy por hecho. A los 8 minutos, Sosa le patea al cuerpo a Navas. “Vamos a ver cuántos minutos les aguantamos”, bromea Jeymer. Es una broma amistosa, tan amistosa como este amistoso en el cual la Selección Argentina no parece jugar a nada. Irvin está sentado en una posición estratégica: sus ojos apuntan hacia Isis, pero está al costado de la tele, de manera que con solo girar levemente la cabeza puede mirar el partido cuando lo amerita. Irvin está más interesado en Isis que en las imágenes que llegan desde el Estadio Nacional. La gente se sigue yendo de la parrilla. Al minuto 32 hay una jugada de peligro para Costa Rica. La cámara tiembla. Nos reímos del camarógrafo emotivo. (¡Más de dos tercios de nota! ¡Ya escribí 6.980 caracteres!).

Cuando termina el primer tiempo, los colombianos de la mesa de atrás pagan la cuenta y se van. Siento una gran desilusión. Salen disparados. ¿Quién los corre? Detrás de ellos hay un señor mayor, él sí parece concentrado. El público de la parrilla ha disminuido, aprovecho para conversar con las mozas. “Cuando juegan Boca o River esto se llena”, dicen. “En los Mundiales, también”. No hay mucho clima y hay que reconocer que el nivel de este Argentina- osta Rica no ayudó demasiado, pero seguro que en el segundo tiempo, cuando entre Messi, las cosas van a cambiar. Van a ver. (¡Parece mentira, pero ya escribí 7.616 caracteres!).

Comienza el segundo tiempo. Messi sigue en el banco. ¿Cómo que sigue en el banco? ¿Qué espera el Checho Batista para ponerlo? ¡Cómo debe estar el abuelo de Gabriela! Entra Belluschi, le pega al arco una vez, al menos. Costa Rica le cede la pelota a Argentina, pero Argentina no sabe qué hacer con ella. La gente que está en La Popular sí sabe qué hacer: irse. Pero no diría que se van porque el partido los decepcione. Más bien parece que jamás tuvieron en sus planes mirarlo. Llega un amigo de Jeymer, un uruguayo con una camiseta del Nacional de Montevideo. Se sienta con entusiasmo de recién llegado: si no ha podido ver el primer tiempo en camino hacia aquí, es lógico que conserve cierta moderada esperanza en disfrutar de lo que vendrá. Irvin me cuenta que es de Guápiles, que es hincha del Saprissa. Jeymer también es del Saprissa. Dicen que el fútbol tico está en crisis: me cuentan historias de empresarios presos que los lectores ticos conocerán mejor que yo. Gabriela es del Cartaginés y detesta a Álvaro Saborío, no termino de saber por qué. Argentina sigue con su toqueteo intrascendente, sin pisar el área. A los 22 minutos del segundo tiempo entra Salvio, actual figura del Benfica de Portugal. Su ingreso me despierta un cosquilleo de emoción: lo vi jugar muchas veces en mi Lanús. Pero Salvio se diluye rápidamente en la nada de los demás. ¿Entrará Messi al menos 15 minutos? No parece. (Creo que con un esfuerzo más podemos llegar al final: contra todos los pronósticos, ya escribí nada más y nada menos que 9.160 caracteres).

A los 40 minutos del segundo tiempo, las mozas toman una decisión drástica: comienzan a levantar las sillas y a colocarlas sobre las respectivas mesas. Solo quedamos nosotros y el señor mayor. Fuera de nosotros, La Popular está completamente vacía. Está claro que si aprovechan para ganar tiempo, apenas termine el partido nos traerán la cuenta y podrán volverse a casa. No hemos cenado, pero hemos comido algunos choripanes y bebido algunas cervezas. No nos podemos quejar: pese a todo, no se puede decir que la hayamos pasado mal mirando este bodrio. Termina Argentina-Costa Rica y nos despedimos pensando que otra vez será, que el próximo será mejor, que a lo mejor juega Messi, que a lo mejor hay algo parecido a un gol y que a lo mejor despierta el interés de alguien aquí en Buenos Aires.

Sí, yo puedo escribir 10 mil caracteres sobre esto. Si Jerry Seinfeld se propuso hacer una serie sobre nada y esa serie duró 174 episodios, si Carmen Laforet escribió una novela llamada Nada, si mi tango favorito tiene ese mismo nombre, si Palito Ortega llamó “Sabor a nada” a una de sus pocas grandes canciones, si Les Luthiers hizo durante años un gran espectáculo que se llamó Muchas gracias de nada, pues entonces yo puedo escribir los 10 mil caracteres que me pidieron sobre la expectativa que despertó en Argentina el partido Argentina-Costa Rica (y además, al finalizar este modesto párrafo habré escrito, si no me equivoco, alrededor de 10.622).