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Retoños líricos de poeta joven
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Por Víctor Hurtado
Publicado el 04/19/2011
 
Retoños líricos de poeta joven

Retoños líricos de poeta joven

Retoños líricos de poeta joven

Por Víctor Hurtado Oviedo


–Directo profesor: Desde hace muchos años soy poeta joven; y ahora, cuando mis bisnietos ya son profesionales, los aliento a que no desmayen en la búsqueda del estro lírico por entre los hemistiquios de los versos puros. Ansí los exhorto: “¡No cedáis a la agreste incomprensión de la chusma ignara, que se mofa de las almas finas!”.

Por lo demás, me ha ido muy bien en estas aventuras del arte si descontamos mi anonimato personalizado y la masiva preprepublicación de todos mis libros; mas no importa: ¡algún día cosecharé los frutos del éxito regados con el lagrimear de mi corazón en los campos de la cultura! ¿Qué es el éxito fácil comparado con el fracaso que es el producto del verdadero esfuerzo?

De todas maneras, profesor, quisiera consultarle qué me aconseja para que yo dé a la estampa mi colección de libros, empezando con Retoños líricos del otro último romántico pues no deseo que el planeta se quede ayuno de mi arte. ¿Conoce algún editor o alguna editriz que me recomiende? Se  aleja de usted con este súbito  despido... Ineditolio Sinestro de la Lira.

–Tenaz aedo: Me parece bien que usted publique sus poemas en un libro. Si no los pusiera allí, en el día de la presentación, el libro estaría en blanco; el público, asombrado, y los críticos, agradecidos. Junte o arrejunte todo y luego vaya descartando con buen gusto; es decir, deseche todo lo que le guste a usted.

En su libro ponga solo lo bueno, para lo que debe robar versos de otros poetas (los poetas son muy distraídos). Cuando lo demanden penalmente por copión, niegue que haya cometido plagio; declare que usted practica la “intertextualidad” –es decir, el plagio cuando lo celebran los críticos–. Usted no sigue la meliflua consigna de “El arte por el arte”, sino la más deletérea: “El arte contra el arte”.

En cuanto al formato, trate de que sea la mitad: ¡el suyo será el único libro que mida la mitad! Esta dimensión es imposible, pero, cuando se sepa que usted intenta publicar un libro-mitad, atraerá, si no a los críticos, sí a todos los interesados en la psiquiatría. Algo es algo, oiga; además, si su libro se reduce mucho, se ahorrará dinero porque usted no dará el libro a la estampa, sino a la estampilla.

Su primera víctima será un mártir de la cultura apodado ‘editor’. Para convencerlo, dígale que este libro lo convertirá en millonario cual si usted fuese la varita mágica del verso libre. Como el “verso libre” no existe (es prosa), no cometerá delito con su estafa. El editor ideal es uno de esos santos que exclaman: “¡El dinero no importa!”. Dígale que tiene razón y que invierta en los Retoños líricos. Él verá acrecido su dinero porque este libro será el único cuya devolución será más alta que su tirada.

Cuando haya arrejuntado todos los escombros de su inspiración, avíseme para recomendarlo con algunos editores. Nunca que me hacen caso, pero siempre es bueno conversar con los amigos. Después de mi gestión, cuénteme las buenas noticias o las que recibirá.

Tranquilo, rapsoda: amontone sus poemas; reescríbalos, resúmalos, rezúmalos, regáñelos, repúdielos, revuélvalos, y ¡todo listo! ¿Ve que al fin resulta solo muy difícil lo que es realmente imposible? Yo siempre estaré para darle ánimos cuando necesite dinero. Por otra parte, si todo sale como debe ser (mal), piense que el fracaso está al alcance de cualquiera, y usted, Ineditolio, es un cualquiera.

Por lo demás, omitible amigo, su demencia no me oculta que usted algo ha husmeado en los rincones de la poética. Sus dos nombres confirman que, a veces, las musas se van de juerga. ‘Ineditolio’ es una ridiculez surgida de ‘ineditus’, palabra latina equivalente a “no dado (al público)”; se emparienta con ‘anécdota’, término derivado del griego ‘anékdota’ (cosas no dadas o no publicadas). A la inversa, la ecdótica es la técnica de la publicación de escritos.

¿Escribió ‘editriz’? Latinizando con un cultismo, se llamaría así la mujer que edita (como se dice ‘actriz’, ‘emperatriz’, etc.). Yo pensé que usted era ‘Siniestro’ (aunque también lo es), pero se llama ‘Sinestro’, neologismo proviniente de dos palabras griegas: ‘syn’ (con) y ‘oístros’ (tábano; inspiración de un poeta); o sea, “con inspiración”. En fin, sobre usted, ¿qué más da otra ironía?

Ineditolio: confíe en mí; sus amigos y sus enemigos estamos para expresarle desinteresadamente la verdad. Claro es, si yo ganase alguna plata con mentirle, ya sería otra cosa. Publique su libro; no hay derecho a que un artista como usted muera y sea recordado solamente por sus acreedores.