¡El rival es complicado! |
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–Don profesor: Le escribo para que me rescate de los abismos insondados de las dudas; o sea, le escribo por las dudas. Yo no veo futbol por televisión, quizá porque no tengo televisor. No lo tengo pues soy pobre, pero no envidio nada a los demás pues, si me pusiera a envidiar, me faltaría el tiempo. Lo más parecido que yo tenía era una radio de pilas, invento increíble porque lo oía igualito que un televisor si yo cerraba los dos ojos. Así estaba yo cuando vino mi amigo Wármix y me dejó un televisor para que se lo guardase. Me dijo que el televisor era japonés, pero yo creo que era robado. Wármix se fue luego a hacer de las suyas con las de los otros. Bueno, yo siempre soy pobre, pero a veces soy honrado, y no quise que el televisor “de” Wármix comprometiese mi buen nombre cuando yo lo tenga. Por eso quise sacar el televisor de mi jardín-garaje- ecibidor/despedidor- sala de estar/sala de no estar-comedor-closet/dormitorio- baño/tualet-oficina/ mirador- mparrado/penjáussotanillo- caseta guachimanaplanetario/ cuchitril-verdadera puerta falsa-livinrún. Cuando levanté el televisor, se me cayó hacia el suelo y se hizo un “crack” que no era futbolista. Asustado, lo enchufé para ver si funcionaba: sí, pero únicamente se veía un canal que solo pasa futbol. Yo cambiaba el canal, y el televisor se volvía siempre al de futbol, profesor. Me preocupa que Wármix regrese para que le devuelva lo que es de otros, y yo deba confesarle que en el televisor solo se oye: “En la cancha somos once contra once”, “Vamos a demostrar de qué estamos hechos” y cosas así, tan profundas que me hunden en el pensamiento. ¿Qué me desaconseja, profe? ¿Me escapo con el televisor? Modestamente, Pauperio de la Inopia. –Depreciado amigo: Usted es pobre porque quiere. Inapetente de meditaciones, usted ignora que la diosa Fortuna se le ha aparecido bajo la forma de una caja con las antenas de Mi Marciano Favorito. ¡Despierte, oiga! Su futuro está en ese televisor, que el perínclito Wármix le dejó a guardar por razones que no vienen al caso – policial– Sin condiciones, esfuerzo ni estudios, usted puede expelerse del anonimato y de la descamisada pobreza que lo corretea por las míseras calles de la menguada indigencia. Le confío este método en secreto aprovechando que nadie lee esta página. Primero fúguese de su jardín-garajerecibidor, etc., pero deje allí una carta a Wármix en la que le explique que usted se ganó veinticuatro años de vacaciones en la Mongolia Interior –y ponga faltas de ortografía para que Wármix entienda–. Ya en lugar seguro, prenda el televisor y anote todas las frases célebres que oiga. Con solo repetirlas, usted se convertirá en un superhéroe del futbol. Esta es una de las primeras sentencias: “El rival es complicado”. Usted la dirá ante los periodistas aunque no sepa ni el nombre del equipo adversario. Luego oirá un complemento, un epifonema de dribleante evidencia: “El rival también juega”. Esta electrizante oratoria dejará ojiabiertos a los periodistas. Cuando, acabada la tortura del encuentro, los goles que le hayan metido a su equipo ya no entren ni en la bolsa de Santa Claus, y cuando su ánimo parezca tronco de pájaro carpintero, ¡no arrastre la mufla de su autoestima por el suelo del dolor! Este es el momento histórico de hacerse el guapo o el filosófico, y de salir clamando: “¡Así es el futbol!”. De igual modo, cuando su infame equipo haya regado de autogoles la árida pampa de su incompetencia, y cuando haya cosechado más pedradas que muñeco de Judas Isacariote, ¡no caiga usted en la desesperación que le corresponde! Sonría con cinismo de candidato y exclame: “¡Hay que seguir trabajando con humildad!”, pero resalte “con humildad” para que se le note la humildad. Luego de que a su cochino equipo le expulsen once jugadores por jugar con terceras intenciones; o sea, por jugar con alevosía, bajeza, insidia, desafuero, chulería y nocturnidad, entonces ¡sonría pues la tele siempre espera! Prorrumpa y exclame: “¡Por ahora solo pensamos en nuestro próximo rival!”. Si usted aprende esas sentencias contumaces, será futbolista de éxito y dinero: ganará más que un médico del Hospital de Niños y saldrá en la televisión como documento parlante del pensamiento complejo. Si, cuando le pregunten por qué no ha cumplido, usted responde: “¡Estamos en eso!”, llegará a ser ministro. |
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