El Tico Army
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El Tico Army |
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La presidenta Laura Chichilla ha exhibido —una vez más— su falta de habilidad diplomática y capacidad negociadora. El problema fronterizo entre Nicaragua y Costa Rica no hace más que agravarse y, para terminar de arreglar la cosa, se desata ahora este escándalo alrededor del recién nacido ESC, el Ejército Sosegado Costarricense. A pesar del lema de su escudo: “Neutrus et pacificus, ad eternum urbi et orbi”, el ESC no para de generar problemas. Ni decir que lo cortés no quita lo gubernamental y por ende su obligatoriedad de mantenerse dentro de los protocolos institucionales establecidos. ¿Quién diseñaría el uniforme del ESC? Los artistas y diseñadores costarricenses se frotaban las manos; diseñar una moneda, un himno, una bandera o un uniforme militar son hitos en la carrera de cualquier creador. Pero cuál no sería la generalizada sorpresa cuando hace tres semanas sale publicado en la Gaceta Oficial del Estado que la Presidenta Chinchilla designó a Jiménez Deredia para diseñar el uniforme de nuestra Armada, con un presupuesto que, por cierto, no se ha desvelado. Queremos aclarar cuanto antes (puede que ya demasiado tarde) que Jiménez Deredia nos parece, como mínimo, un gran artista de su tiempo. Este artículo sólo pretende señalar que ha sido anómalo el proceso de selección a dedo de un proyecto que debió someterse a concurso público. El ministro de cultura, Manuel Obregón, en un gesto adusto presentó su dimisión, pero Chinchilla no se la aceptó. El músico ministro, como se vio en la portada de todos los periódicos del mundo, se ha rapado su mítica melena entrecana, en señal de “desacuerdo sosegado y pacífico”, como apostilló irónicamente en una rueda de prensa en Chinandega, donde se encontraba de gira pianística. El apoyo masivo y solidario de los intelectuales y artistas costarricenses no se ha hecho esperar. Para el próximo 23 de diciembre está convocada “La Noche de los Colachos rapados”. Los creadores costarricenses recorrerán el Paseo Colón prendiéndole fuego a los árboles de navidad y despegando o tirándoles tomates a los Colachos o, cuando sea posible, recortándoles sus barbas. No es este ni el primero ni el último de los dolores de cabeza que nos dará el Tico Army, como ya se le empieza a llamar con cariño en la OEA. Más aún, según el sociólogo nicaragüense Eufragio Sotanas, todo esto del uniforme es para distraernos y que no caigamos en cuenta de que, bien que mal, Costa Rica se está preparando para entrar en guerra con Nicaragua, su problemática pero hermana nación. En vista de la antipatía que generó la instauración de un ejército nacional y los chorizos alrededor del uniforme, desde Casa Presidencial, los hermanos Arias o quien sea que gobierne desde ahí, han llamado nada más y nada menos que a José Mourinho, el controversial entrenador del Real Madrid, para que adiestre a nuestros incipientes soldaditos. Lo pérfido de la artimaña no le quita lo eficiente. El bravucón portugués ha aceptado la oferta, poniendo como condición que le permitan conjugarla con sus labores de entrenador (es de suponer que la oferta monetaria de Zapote no supera a la del club deportivo). Lo que nadie se esperaba fue la fórmula mágica que encontró Mourinho para aunar ambos trabajos: entrenar simultáneamente a los jugadores del Real Madrid y a los soldados ticos. Resultado práctico: la tarde del 4 de noviembre, entre un aguacero que parecía de efectos especiales, los habitantes de Tabarcia, humilde población de las afueras de San José, vieron llegar y parquearse alrededor de la modesta cancha del pueblo ochenta carros cuatro por cuatro. Como si esto fuera poco, a los pocos minutos aterrizaban también nada menos que ocho helicópteros. En los carros, nuestros soldados; en los helicópteros, los futbolistas y su comitiva. Aquello parecía una película de Coppola. La población de Tabarcia se abría campo a codazos entre los periodistas y cámaras internacionales para ver a sus ídolos… es decir, a nuestros soldados, claro está. Pero lo más triste de todo, en lo que sólo ha reparado Eufragio Sotanas, fue el dispositivo de seguridad desplegado para la ocasión. Entre los futbolistas en su uniforme y nuestros soldados embutidos en las batas rosadas con cruces negras que diseñó Deredia, los verdaderos militares eran los cuatrocientos policías con ametralladoras que custodiaban la cancha. “En Costa Rica siempre ha habido ejército -nos murmura Sotanas al teléfono-, un ejército mal organizado pero armado hasta los dientes y lo peor: privado y que siempre ha actuado en la sombra”. Aquí les dejamos la inquietud. | |