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Fotografía: R ónald P érez

1. Una mañana, al despertar, siente ganas de meterse entre pecho y espalda un plato de arroz con frijoles, queso y plátanos fritos.

2. Compra un periódico nacional, como quien no quiere la cosa.
Nota: en esto de los periódicos hay varias etapas. Empezó por ojearlos con displicencia, cuando caían en sus manos por azar y por supuesto solo leía las páginas de internacionales. Usted está en alerta máxima de demasiado tiempo en Costa Rica cuando lee las páginas de opinión.

3. Todo lo que observa o constata de San José, lo generaliza a Costa Rica.

4. La cossa vial ya no le parece tan terrible. Encuentra que las calles no están tan mal señalizadas y cuando los carros paran en los semáforos en rojo para que usted pase, se siente secretamente emocionado.

5. En marzo, olvida por completo que está en el país de los diluvios. Llega a pensar que en este país uno está mejor sin carro.

6. Va todo ufano por las aceras metido en el papel de peatón. Cuando se le acaba la acera (cosa que siempre sucede) se sube a un bus destartalado, sintiéndose el más cosmopolita, como un perfecto mozote.

7. Empiezan a parecerle culturales y alternativas películas como “Capote”.

8. Ya no le parecen exóticos y sugerentes los rasgos indígenas de los ticos. Si es usted mujer heterosexual (son los datos que manejo), halla guapísimo al primer cachetón de ojos verdes que pase de un metro ochenta.

9. Le da por comparar a San José con puebluchos perdidos de Europa o Canadá, comparación que en general termina con “y por eso es preferible San José a pesar de los pesares”.

10.Habla de Europa como un todo. Dice que un primo suyo “anda en Europa”, dándole igual si anda en Extremadura en invierno o en Berlín en verano.

11. Empieza a notar la diferencia de precio entre las cervezas. Y en esta misma línea: un familiar le devuelve 40 mil pesos que le debía y usted piensa que qué salvada.

12.Ya se le borró la marca del vestido de baño y sus botas de montaña tienen moho en la suela. (Le recuerdo que usted dijo que solo valía la pena pasar una temporada aquí para estar cerca de la naturaleza). Pero en la noche, su ropa huele a humo de carros y oye la tele del vecino, en lugar de grillos y ranas cantarinas. Usted, amigo mío, ha estado demasiado tiempo en Costa Rica.