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A mi hijo lo defiendo yo
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Por Revista SoHo
Publicado el 07/9/2010
 

Inconforme con el trato descortés que el gobierno costarricense y la alta diplomacia tica le dio a su hijo, la señora Seagal ha recorrido los medios más importantes de nuestra geografía pidiendo la publicación de su carta. En SoHo decidimos darle un espacio, así como lo hacemos con otras mamas.

Edición 43


A mi hijo lo defiendo yo

Inconforme con el trato descortés que el gobierno costarricense y la alta diplomacia tica le dio a su hijo, la señora Seagal ha recorrido  los medios más importantes de nuestra geografía pidiendo la publicación de su carta. En SoHo decidimos darle un espacio, así como lo hacemos con otras mamas.

Por Missis Seagal
Ilustración: Ariel Arburola


Soy la Señora Seagal, mejor conocida como Missis Seagal, madre de Steven F. Seagal desde hace mucho tiempo, quizá demasiado. Antes de esbozar estas dolidas palabras, me habría gustado montar un machote pero, en vista de mis antecedentes reproductivos, tengo vedado cualquier intento, incluso sobre el papel. Lamentablemente, los médicos no me permiten ninguna actividad física desde el 10 de abril de 1952, porque Stevencito vino al mundo tras un parto complicado que duró tres días y cuatro noches, y en el cual se utilizaron fórceps y maniobras obstétricas precursoras del full contact. Aquellos eran otros tiempos y más en Míchigan, donde tanto la anestesia como las vitaminas eran consideradas obra de satanás.

Al cabo del segundo día, como no había forma cristiana de sacarlo, los médicos contemplaron la posibilidad del aborto. Yo no me opuse. Sin embargo, aparecieron los de la Liga Estatal de Artes Marciales, quienes le aplicaron una llave y lo sometieron. A mí me ligaron. Guardo un emotivo video de la ocasión. Solemos verlo en los cumpleaños. Se me salen las lágrimas cada vez que escucho la voz temblorosa de los pediatras: Salga con las manos en alto… y mi pequeño resistiéndose, como si fuera su primer arresto. Algunas de estas escenas fueron usadas el año pasado para rellenar unos minutillos de la película que Stevencito iba a estrenar, Born to Raise Hell... los productores dijeron que le faltaba acción, entonces me llamaron a mí, claro, porque ellos saben muy bien de lo que soy capaz… imagínense, si fui capaz de traerlo al mundo, soy capaz de cualquier cosa.

De todos mis hijos, sepan que Stevencito es el que más alto ha volado. ¡Qué no ha volado mi hijo! Desde pequeño fue un chico explosivo. Ha volado patadas, puñetazos, codazos, puentes, buses, escuelas, bibliotecas y un sin fin de instalaciones. Guiado por el ciego deseo de servir, jamás dudó en apretar un gatillo o un perrillo o cualquier animalillo con tal de extraer conocimientos. Como buen hijo de su madre, siempre utilizó sus dones naturales para reducir a escombros cualquier creación, por más bella que fuera, por más necesaria o costosa, él siempre hizo oídos sordos a los necios que desde el plató le gritaban ¡No, animal, no, eso no lo rompás!, arriesgándose una y otra vez al maltrato y la incomprensión. Gracias a su visión renovadora de la realidad, alguna vez pensamos en escribir juntos una película que sintetizara su vocación, una biografía épica, le pondríamos Remodelator. Aunque aún está en nuestros planes, decidimos esperar al 2012… por si pasa algo y logramos sacar algunas tomas de apoyo.

Lo que ha hecho Stevencito no tiene nombre, aunque nadie puede culpar a mis nietos. De todos los errores que cometió mi hijo, quizá los más graves solo fueron éxitos de taquilla, así que no hay nada de qué preocuparse. Todo eso es cosa del pasado, como ustedes saben, aunque si de un patadón alcanzó la cima de Hollywood, de otro patadón volvería a alcanzarla. El arte es ingrato y Stevencito llegó al mundo del cine algo aturdido. Le dijeron que sus cintas eran negras… y él se puso tan feliz… Hace cosa de un mes, antes de viajar a Costa Rica, me llamó por teléfono para contarme que sus planes en el trópico incluían administrar una cárcel, y hasta dos, solo para tener público cautivo y poder compartir su filmografía. Tal vez yo no debería decirlo, pero Stevencito es un ser humano que conoce el dolor y el sufrimiento muy de cerca, no solo viéndolo sino provocándolo. Su generosidad no tiene límites.

Por último, me consta que estaba obsesionado con la idea de perfeccionar ciertas técnicas deportivas vernáculas, inyectándoles fiereza y competitividad. A sabiendas del atraso militar costarricense, se había propuesto realizar un Campeonato Interamericano de Suiza Centroamericana, en vías de convertirlo en un deporte extremo. Eso sí que le habría dado a Costa Rica el lugar que no ocupa en el mapa mundial. Y para los ingratos que aún no lo sepan, el nombre completo de mi hijo es Steven Fragoberto Seagal.