Una semana después, una banda de simios asaltó a un grupo de canadienses a punta de machete. Y la cosa, claro, no quedó ahí.
Edición 43
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Una semana después, una banda de simios asaltó a un grupo de canadienses a punta de machete. Y la cosa, claro, no quedó ahí. |
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Todo el que alguna vez haya hecho turismo por las playas caribeñas o pacíficas ha visto la escena como sacada de un western: los monos cariblancos, con su cara bicolor que sugiere un bandido enmascarado, al viejo estilo de las pandillas que asaltaban trenes de mercancías, acechan, observan, calculan, se organizan y atacan. Unos distraen a los turistas por la playa, haciendo payasadas, mientras por detrás, agazapados entre los arbustos, otros aprovechan para robar mochilas y botellas. Algunos turistas amarran su salveque a una palmera, para evitar que se la lleven. ¡Ridículo obstáculo!, para estos monos del siglo 21 que saben abrir zípers y botones, desatar cordones y hasta improvisar un saco con un paño de playa. A su incipiente inteligencia (¿equivalente a la nuestra hace miles de años?), añadamos la voz clara y rotunda de los instintos no pervertidos. Comer. Es lo único que cuenta. En sus pequeños cerebritos se ha hecho ya la siguiente asociación: turistas = comida; y basta el sonido del papel aluminio o de una tapa de rosca al abrirse, para tener una banda de monos al asecho, arrebatando bolsas, por las buenas o por las malas, porque si hace unos años se cuidaban de hacerlo a hurtadillas, hoy día se lanzan directamente a arrebatarlos de manos de los espantados turistas. “Antes solo ver el machete ya salían corriendo –nos relata Guarren Garro, veterano guardaparques– pero aprenden muy rápido, los condenillos”. Resulta que hace un mes, mientras Guarren dormitaba una siesta bajo un almendro, un mono le robó el machete. Cualquiera con tres dedos de frente entenderá que este hurto marcó el inicio de una nueva era. Una semana después, una banda de simios asaltó a un grupo de canadienses a punta de machete. Y la cosa, claro, no quedó ahí. Lo que tiene escalofriada a la gente de la zona es que los macacos han entendido en un santiamén el valor de un arma, y se han lanzado a robar todo lo que tuvieran al alcance. Cuchillos, navajas y hasta un gas pimienta que llevaba una turista gringa por si la violaban, son armas ahora en manos de nuestros peludos antepasados. Las autoridades competentes, y otras, estiman que actualmente entre Cahuita y Puerto Vargas podrían incautarse tantas armas como en Cieneguita. Los monos están atando cabos con sus cerebros de primates y podrían estar fraguando un golpe más contundente, el atraco a un súper o a una frutería. Una turista sueca aseguró haber visto a un mono (o mona, habrá que empezar a tener igualdad de género) traveseando un teléfono celular. Pero esto no es nada; lo de verdad inquietante es que en su otra mano tenía el manual de instrucciones. Nos temíamos la llegada de feroces extraterrestres que vendrían a devorarnos o a robarnos el agua y el oxígeno de la Tierra, pero parece que el Apocalipsis vendrá de la mano de nuestros compañeros de planeta que, quizás, están ya hartos de nosotros, los bípedos pensantes. A quien todo esto le parezca una exageración paranoica, un escalofrío le recorrerá la espalda al escuchar este nuevo dato: un grupo de estudiantes de la UCR halló vestigios que hacen presumir que los monos podrían estar realizando rituales religiosos. Lo que faltaba, armas y religión, célebre cóctel explosivo. Los monos podrían estar abrazando la religión cristiana, a juzgar por unos torpes dibujos de hombres crucificados realizados con palitos en la arena. Sin embargo, un grupo de especialistas en comportamiento animal de la Universidad de Massachusetts ve en todo esto una señal aún peor. Los simios tal vez se están preparando para una Guerra Santa contra los humanos, a quienes considerarían una plaga para el planeta. Eliminados los humanos, los primates pasarían a ser los nuevos reyes de la creación. En un lujoso hotel de Puerto Viejo, unos monos invadieron el jacuzzi y se bebieron las mejores botellas de whisky; sí, las mejores. Los primates quieren ocupar nuestro sitio. Armas, religión y la lucha por el poder: los monos son nuestros antepasados y ahora siguen nuestros pasos. |
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