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Sobre lo que es
- Por Víctor Hurtado
- Publicado 07/9/2010
- Profesor Solecismo
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¿Qué le parece un choque entre Serbia y Montenegro contra Trinidad y Tobago? Tremendo partidazo habría con 44 jugadores en la cancha. Por Víctor hurtado Oviedo |
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—Profesor: Lo que es, yo ya estoy harta de lo que es el Mundial de Futbol porque ya no entiendo a lo que es mi familia. Todas las mañanas, en lo que es el desayuno, se pelean por lo que son los resultados. El otro día, uno de mis hijos le tiró lo que es un plato al otro, y lo que es mi esposo gritó: “¡Falta sobre Carlitos!”. ¿Cómo haré para que se entiendan bien, profesor? Lo que es su desolada lectora, Entelequia del Foul. —Gemebunda amiga: La noto muy finolis en estos tiempos de fervor de masas, de calentamiento global carboneado por el deporte de las multitudes. ¿Es ese el ejemplo de intelectualoide displicencia que da usted a sus hijos cuando están en la tierna edad de entrenarse para la conquista de la vida en el oblongo tapiz verde del populoso estadio? ¿Ha pensado en qué ocurrirá con sus hijos cuando ansíen tener una profesión digna y no sepan ni jugar al futbol? ¿Ha visto que alguien pida autógrafos a los médicos del Hospital de Niños? No firman autógrafos y, además, pagan impuestos. Merece usted tarjeta dorada (por amarilla) para que oiga el silbato de la voz de su conciencia. Debería entrar con más fair play en el futbol sala del comedor. En vez de hacer calistenia verbal en las tribunas de la indiferencia, ¡póngase la camiseta de la unidad familiar y grite cual barra brava en el tercer tiempo del desayuno! Francamente, Eleuteria o Eutanasia, no entiendo cómo no vibra usted a tono con el deporte de las multitudes cuando la de cuero –transfigurada en platillo volador– surca los vientos de la eternidad en tiro libre hacia la portería de una cabeza fraternal y rompe las mallas de los dientes haciendo ¡gol!, ¡gol!, ¡gol! a una lengua que se queda muda ante jugada tan maestra. Por lo demás, el equipo de su casa no encontrará la ruta al golazo del mutuo entendimiento si continúa fauleando el lenguaje con patadas voladoras cual “lo que es” y “falta sobre”. La gramática no es un árbitro, oiga, y no deben tirarle piedras. Habría que corretear con matamoscas la manía de meter “lo que es” a cada momento. Ciertos locutores de la televisión se quedarían mudos si les embargasen el “lo que es”. Uno enciende un noticiario y oye: “Lo que es el pronóstico de lo que es el tiempo anuncia lo que son lluvias. Ahora pasamos a lo que es nuestro enviado especial”. No parece que esos locutores improvisen tonterías, sino que las van escogiendo. A veces, “lo que es” tiene sentido: “Yo lo aprecio por lo que es”; empero, en otros casos, “lo que es” resulta un relleno inútil, jugada en falso para impresionar a la afición. “Anuncia lo que son lluvias” es un palabreo por “anuncia lluvias”. Ahora, cambiando de media cancha, “falta sobre Carlitos” merece un tarjetazo rojo. Algunos locutores se han enfermado con esa expresión ridícula. Las faltas se comenten “contra”, no “sobre”. También se oye decir “el delantero dispara sobre la portería” en vez de “a la portería”. Entimema o Eurasia: autocritique su mal gusto pues, si le incomoda el futbol, debería arremangarse el pensamiento y sugerir mejoras. Por ejemplo, para evitar gritos malsonantes a los niños, el árbitro debería publicar el número de su celular a fin de que los aficionados lo llamen y lo insulten lo normal si el hombre se equivoca. El futbol también podría enseñar ecologismo si los jugadores saliesen con bolsas en las que pondrían las botellas que les lanzan: “¡Nosotros sí reciclamos, pachucos!”, podrían declarar las camisetas. A su vez, el árbitro debería llevar una alcancía donde guardaría las monedas que le tiran: bello modo de fomentar el ahorro en los niños. Como se “rifan” las bolas cuando se las patea a las tribunas, por cada tres pelotas que haya recibido, un aficionado ganaría una bolsa de tamales –digamos–. Otra idea: ya que vemos un partido en la televisión, el locutor podría entonces narrarnos un encuentro de karate y aprovecharíamos el tiempo en dos-por-uno. Si se ganase con autogoles, los jugadores evitarían los goles en la portería rival. También podría comenzarse en el segundo tiempo, y los partidos durarían la mitad, lo que nos regalaría horas para ver más futbol. Por último, ¿qué le parece un choque entre Serbia y Montenegro contra Trinidad y Tobago? Tremendo partidazo habría con 44 jugadores en la cancha. Bueno, no sé... Es cuestión de afinar las sugerencias. Salúdeme a Carlitos: pasó de hincha a hinchado, mas ¿para qué está el segundo tiempo? |
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