A la hexagonal clasificatoria llegamos en las mejores condiciones. Con el arribo de Rodrigo Kenton todo había empezado muy bien, entramos a la fase final con 18 puntos, ganando los seis partidos que disputamos.
Edición 42
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Por Bryan Ruiz A la hexagonal clasificatoria llegamos en las mejores condiciones. Con el arribo de Rodrigo Kenton todo había empezado muy bien, entramos a la fase final con 18 puntos, ganando los seis partidos que disputamos. | ||||
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En la primera etapa de la hexagonal la buena racha continuó; en casa le ganamos a Honduras, El Salvador y a Estados Unidos, mientras que de Trinidad regresamos también con la victoria. El único partido que perdimos fue en México, así que Costa Rica llegó a la segunda vuelta como líder, con 12 puntos de 15 posibles y a solo 6 de clasificar. Entonces sucedió lo que nadie esperaba. Empezamos cayendo por goleada contra Honduras en un partido que me resultó el doble de amargo, pues no pude aportarle al equipo debido a que había acumulado mi quinta tarjeta amarilla. En el grupo imperó la calma, procuramos pasar la página y ver aquello como una mala noche, nada más. El partido en casa contra México era fundamental. Lejos de poder sacarlo adelante, lo perdimos tres por uno y el panorama empezó a complicarse. Fue difícil, veíamos como el barco se iba hundiendo, así, de pronto, casi sin darnos cuenta. Sin embargo, el que conoce de futbol sabe que fue el siguiente partido el que realmente pesó. En El Salvador salimosa a ganar y más bien terminamos perdiendo en el último minuto. Ese descuido, ese gol, pudo significar el punto de la clasificación.
Uno regresa sobre los recuerdos y piensa en todo lo que quisiera cambiar, pero el futbol es así, a veces glorioso, a veces ingrato. Nos enfocamos entonces en lo que venía, pues todavía teníamos oportunidad de clasificar. Llegó el cambio de técnico y de ideas y la selección respondió ganando y convenciendo contra Trinidad. Quedaba entonces el último desafío, Estados Unidos. Aunque las estadísticas no nos favorecían, el pueblo costarricense creía en nosotros. Sabíamos que teníamos que ganar o ganar, porque Honduras estaba presionando y estaba claro que iría con todo contra El Salvador, aunque jugaran de visita. Estados Unidos ya había entrado al mundial, pero venía igualmente motivado. Los estadounidenses no querían perder en casa para así mantener el invicto en eliminatorias que tienen desde el 2001. Además, buscaban asegurarse el liderato de la hexagonal y ganar el partido para dedicárselo al delantero Charlie Davies, que había sufrido un terrible accidente de tránsito la noche previa. Para ellos era cualquier cosa menos un juego de trámite y lo sabíamos. Todo empezó muy bien, es más, mejor imposible. En 23 minutos habíamos anotado dos goles y manejábamos bien la pelota. Yo me sentía muy bien con las dos anotaciones que había conseguido, en general la energía era positiva, estábamos seguros de que ahora sí se podía. Eso sí, estábamos conscientes de que los estadounidenses son un equipo de cuidado, de mucha garra y con la capacidad de concretar en cualquier momento. Así las cosas, cuando terminó el primer tiempo, sabíamos que se nos vendrían encima. Tratamos entonces de dar lo mejor de nosotros, de defender ese resultado y de sostener esa clasificación tan soñada que nosotros mismos pusimos en jaque. Además, sabíamos que estábamos haciendo historia, regresamos a la cancha concentrados y determinados a defender el resultado. Lamentablemente, a eso del minuto 72 surgió una confusión en el área, un balón queda huérfano y Estados Unidos se encontró con el gol que les dio nuevas fuerzas. Estoy seguro de que si esa anotación no hubiese llegado en ese momento los estadounidenses no remontaban. Estábamos muy bien parados y no encontraban por donde entrar hasta que llegó esa jugada fortuita. A pesar del golpe estábamos clasificando. Llegó el minuto ochenta y el técnico me cambió para defender un poco más el resultado. Una vez afuera imperaba la ansiedad y los minutos se hacían cada vez más largos, especialmente cuando el árbitro decidió agregar cinco de reposición. Después de haber esperado los noventa y encima desde afuera, esos minutos adicionales se sufrieron mucho más.
Estados Unidos no dejaba de atacar, batallaban como si no estuvieranclasificados pero nosotros nos defendíamos muy bien. Entonces, a falta de un minuto, teníamos la bola arriba y el rival la recuperó una última vez, consiguiendo un ataque final que terminaría en un tiro de esquina. El equipo se ordenó lo mejor que pudo, sabíamos que después de esa jugada el partido se terminaba y teníamos ventaja pues ellos jugaban con un hombre menos. Onyewu, uno de sus jugadores más altos, había salido lesionado. Entonces, otro descuido… no sé que nos pasó en ese momento, si nos habremos confiado o despistado por un segundo, el hecho es que Bornstein subió desde la defensa, entró completamente solo y de un cabezazo nos dejó fuera del mundial. Fue doloroso. Ver el balón que pica y toca la red, fue impresionante. Nadie podía creerlo, estoy seguro que ni siquiera los estadounidenses. Fue una jugada que si la tiran treinta, cincuenta veces, no la repiten, pero en esta entró. De inmediato preguntamos por el resultado en Honduras pues no estábamos al tanto de que iban ganando. Lamentablemente El Salvador cayó en casa y para nosotros todo acabó ahí: nos tocaría jugar el repechaje contra Uruguay. Al día de hoy puedo decir que esta ha sido la derrota más dolorosa de mi carrera. Yo había quedado fuera del mundial del 2006 por muy poco, debido a una decisión técnica. Aquella vez no participé mucho, así que lo atribuí a eso y traté de dar lo mejor de mí en esta eliminatoria. Me criticaron porque se dijo que no rendía lo mismo en la Selección que en el club, pero yo sé que lo di todo y creo que mi aporte fue bueno. Si hubiésemos amarrado la calificación después de anotar esos dos goles, mi carrera habría recibido un impulso muy importante... pero bueno, cayó esa bomba y todo cambió. A nivel de Selección, lo que viene para mí es una revancha. En las selecciones menores tampoco logré clasificar ni al mundial ni a las olimpiadas y con la mayor ya me perdí dos. Brazil es un objetivo claro, tenemos que estar ahí. Quienes continuaremos en el proceso hemos aprendido de esta dura lección para prepararnos lo mejor posible y no volver a cometer los mismos errores que nos dejaron por fuera esta vez. Estuvimos a solo segundos de estar en nuestro tercer mundial consecutivo. Eso significa que calidad tenemos y que podemos lograr clasificar al mundial del 2014. Con esa meta en el horizonte nos estamos preparando muy bien desde ahora. | |||||