Resignarse a ver el Mundial por televisión es un premio a la impericia, pero también una cachetada al orgullo futbolero nacional, que ya caminaba por la cornisa desde el penúltimo lugar en Alemania 2006.
Edición 42
|
|
Resignarse a ver el Mundial por televisión es un premio a la impericia, pero también una cachetada al orgullo futbolero nacional, que ya caminaba por la cornisa desde el penúltimo lugar en Alemania 2006.
Por Danilo Jiménez |
|
El prestigio es como la virginidad: un paso en falso y se hace añicos. Granjearse el respeto del planeta fútbol nos tomó dos mundiales; dilapidarlo solo uno. En Italia 90 derrotamos a los profetas del músculo –Escocia, 1 a 0– y de la proteína –Suecia, 2 a 1–, clasificamos a segunda ronda y anclamos en la historia. En Corea-Japón 2002 sorteamos la muralla china –2 a 0–, aprendimos que de nada sirve bailar a Brasil si no se le anota -2 a 5- y nos tuteamos con los turcos –1 a 1–que terminarían terceros en la copa. En el Mundial pasado carecimos de estilo y ambición. El entrenador se enemistó con el juego alegre y le apostó a un planteo conservador, que fluctuó entre el fastidio y la pesadumbre. Equivocó el tiro ante Alemania, Ecuador y Polonia, y el resultado fue una pérdida de credibilidad internacional que se ratificó en la reciente eliminatoria. Pero en el país donde no se le discute la autoridad al conformismo, Sudáfrica 2010 ya es una herida cicatrizada. Los futbolistas que cotizaron para el fracaso siguieron sus vidas de divos vernaculares, los federativos culpables conservaron sus puestos y hasta el dolido aficionado, que fue canto y bandera en las frías noches de Selección, regresó dócil a los estadios y se tiró a la calle para vitorear al campeón del último verano. El balompié es la única actividad profesional donde los reveses y sus responsables quedan impunes. Bajo este enfoque tico de la realidad, faltar a la cita ecuménica del fútbol no es un fracaso, sino un sedante para el orgullo. ¿Acaso no sumamos 16 puntos en la hexagonal como Honduras y quedamos fuera por el injusto gol diferencia? Además, tampoco estamos solos en este drama: “potencias” continentales, como Colombia en América y Suecia en Europa, por ejemplo, también fueron eliminadas y eso nos hermana. “Mal de muchos, consuelo de …”. En un plano más emocional e íntimo, el safari futbolero de la FIFA extrañará el cálido “Ooooeeeee, Ooooeeee, Oooeeee, Ticooooos, Ticooooos…” en las gradas, pero la economía de muchas familias respirará aliviada. Centenares de fanáticos se ahorrarán el desembolso mínimo de US$6.500 por cabeza para ir a Sudáfrica. Eso es algo que no gambetearán nuestros archirrivales hondureños, mexicanos y gringos. ¡Salados! A lo mejor hasta salen goleados… África es linda, sí, pero encierra peligros que la eliminación nos evitará. La sede del Mundial tiene su pandemia de SIDA y eso frustraría el afán de expandir las fronteras de la conquista entre las sábanas. Hay fiebre amarilla y tampoco se podría degustar un “gallito” exótico al paladar en la vía pública debido a la insalubridad. Dios nos guarde… Las estrellas criollas tampoco tienen por qué lamentarse. Keylor Navas no se parará bajo el arco en el Mundial, pero tampoco lo hará el brasileño Diego Alves. Roy Myrie no surcará el carril derecho, al igual que la estrella argentina del Inter, Javier Zanetti. Si el tema se ve en perspectiva, una verdadera selección de figuras de culto se quedó fuera por decisión de los entrenadores, eliminación de sus selecciones, infortunios o lesiones. Veamos… Portero: Edwin van der Sar (Holanda). Defensas: Zanetti (Argentina), Ivica Dragutinovic (Serbia), Christoph Metzelder (Alemania) y Filipe Luiz (Brasil). Medios: Esteban Cambiasso (Argentina), David Beckham (Inglaterra) y Ronaldinho (Brasil). Delanteros: Karim Benzema (Francia), Ruud van Nistelroy (Holanda) y Francesco Totti (Italia). Entonces, ¿qué penas llorarían Ricardo González, Myrie, Luis Marín, Michael Umaña, Esteban Sirias, Paté Centeno, Cristian Bolaños, Douglas Sequeira, Saborío y el Mambo Núñez, entre otros, si ilustres colegas del primer mundo del fútbol tampoco pisarán la grama africana? Quedarse en casa incluye ventajas extra. El bajonazo en Alemania 2006 y la irregular eliminatoria auguraban casilla 32 en la tabla final de la Copa. Eso planteaba el riesgo de un aluvión de críticas contra el técnico y los jugadores, y hasta la posibilidad de un recibimiento hostil en el Juan Santamaría, con bombas molotov y pedradas, como se estila ahora en las protestas populares. Hasta los US$6,0 millones que paga la FIFA por los tres partidos de la primera ronda representaban un peligro. Habría que pedir cuentas a los dirigentes por el destino de cada centavo; y ganaran o perdieran, los futbolistas se habrían llevado un merecido porcentaje, que pudo despertar la codicia de mafias y secuestradores. Mejor dejémosle a Lionel Messi la responsabilidad de apuntarse en todas las jugadas cruciales. Al español Andrés Iniesta el desafío de ofrecer su espléndido repertorio de pases; a los italianos, alemanes y brasileños exhibir sus identidades futbolísticas opuestas, pero ese rasgo en común que los hace únicos: el carácter ganador de sus estrellas. |Al perder el billete a Sudáfrica, la Sele se libró de un feo horizonte de críticas y sospechas, los aficionados estaremos seguros en casa y a Sabo, que no la embocó en la red el 18 de noviembre de 2009 en Montevideo, cuando iban 86 minutos de partido en el Centenario y nos dejó por fuera, deberíamos elegirlo héroe nacional. | |