Los tipos que me excitan
- Por Revista SoHo
- Publicado 06/10/2010
- Sofia
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Estos tipos retraídos son intensos. Cogen como conejos, pero solo si ellos quieren. Primero los observo, como tigre al acecho. Fotografía: Ronald Pérez © 2009 |
Hay algunos hombres que se ven bien con ropa o sin ella a la luz del día o bajo la tenue iluminación de candelas. Por lo general estos hombres aparecen en películas, revistas y siempre en algún corto rebuscado de porno amateur. Pero en la vida real, del cotidiano ir y venir de humanos de sexo masculino que me topo en el supermercado, en conciertos, funerales y demás… hay que construir historias a partir de rasgos físicos, intelectuales y psicológicos. No es tampoco una elaboración complicada y mucho menos se trata de decir que no se vean en la calle especímenes dignos de ser llevados al estrellato mediático. Por ejemplo: una mente brillante siempre me llama la atención. Sin llegar a poses intelectuales, un hombre que muestra capacidad de raciocinio por encima del promedio, me para las orejas y los pezones simultáneamente y sin mucho esfuerzo. Una barba cerrada de un largo apenas perceptible enmarcando en conjunto con unas cejas negras el rostro de un hombre de pelo corto me da la impresión de haber encontrado un ser de pronunciada masculinidad. Uno se imagina que se le marcan los pectorales y que esa misma intensidad de las cejas negras se repite por ahí, en los bajos de su vientre. Con gracia imagino mis mejillas rozando esa barba y con delicadeza apoyándose en los pectorales y bajando hasta encontrarme ese nido de vellos púbicos, con mis manos apartándolos y llevándome a la boca todo su pene. Siempre he pensado que los hombres altos y delgados, de fijo deben tener vergas largas y fuertes. Es evidentemente una fijación que elaboré de alguna coincidencia de estas dos características en hombres que he conocido. Sin embargo, es automática la asociación apenas me pasa uno de estos flacos a la par. Son de los que me penetrarían por detrás y me harían sentir atravesada como por un buque mercante de vapor. Me dejarían sudorosa y en un estado que sobrepasa la satisfacción: plena. Nunca menosprecio un atleta. Siempre es bueno contar con un compañero sexual de actitud competitiva, que trabaje en función de metas y que además aguante coger seguido por un buen rato. Por lo general, a estos tipos de alto rendimiento se les sienten músculos que raramente se ven en otros mortales. Es rico agarrar nalgas bien apretadas, sentarse sobre muslos sólidos como piedras y encontrarse con un dorso bien trabajado. No tengo la experiencia de correr maratones, pero una vez que se llega a la cama con un deportista, uno podría decir que ya corrió unas cuantas. Debe ser por insoportablemente difícil, pero hay un tipo de hombre que me moja los calzones de solo imaginarlo: el guapo que no se cree guapo, que anda solo, entra a los bares de manera sigilosa, se pide una cerveza y no está esperando a nadie. Estos tipos retraídos son intensos. Cogen como conejos, pero solo si ellos quieren. Primero los observo, como tigre al acecho. Les veo los labios acercándose a la botella y se me cierran las manos de solo imaginarme si fuera mi boca la que recibe ese chupete. Trago fuerte muchas veces antes de acercármeles. Una vez que consigo colocarme a su lado, nunca pretendo estar ahí por casualidad. De cerca me llegan sus olores, que justamente me hacen mirarles las manos y de inmediato calcular si en ellas cabrían mis tetas. Ni les he hablado pero puedo sentir cómo se me contraerían los pezones con el roce de las puntas de sus dedos. Me sube la sensación a la garganta, hay un calor general en mi cuerpo que inevitablemente me hace cruzar las piernas e instintivamente me lleva a buscarles la mirada. Con suerte termino viéndolos desnudos y sintiendo cómo me penetran hasta el orgasmo. En realidad, pensándolo bien, los tipos que me excitan son todos los que simplemente se me antojen por alguna remota razón que nos haga coincidir en mutua atracción y buen coger. ¿Qué más se puede pedir? |
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