La instigadora de esta aventura al parecer fue Bali Rodríguez, aunque ella, modesta, sencilla, humilde, elude méritos personales.
Edición 42
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La instigadora de esta aventura al parecer fue Bali Rodríguez, aunque ella, modesta, sencilla, humilde, elude méritos personales. Por Julio Román |
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Normalmente (pero no necesariamente) este despertar a la trascendencia se da en una persona cuando la vida le da un zarpazo, cuando la hace caer en un foso profundo de dolor y desespero. Se abre una herida en el alma y por ahí mismo entra la Luz. Sin embargo, esta vez no fue así: siete modelos costarricenses, en pleno apogeo de su belleza y juventud, y con los bolsillos a rebosar de dinero, decidieron trascender su trivial vida cotidiana y sacudirse su fama de cabezas huecas. Y así, el mes pasado viajaron al Tíbet, donde tuvieron contacto con diversos Lamas de cuya ancestral sapiencia bebieron nuestras siete beldades. La instigadora de esta aventura al parecer fue Bali Rodríguez, aunque ella, modesta, sencilla, humilde (nos sobran los adjetivos) elude méritos personales. No obstante, es probable que así fuese. Tomemos en cuenta que Bali es hija de una modelo; de este modo, cada día ve en el espejo de su madre lo que es el futuro de cualquier mujer: por muy bella que haya sido, una cuarentona no tiene nada que hacer frente a la piel tersa y fresca y las tetitas enhiestas de una muchacha de diecinueve, aunque sea feúcha y le falte un diente. Bali enciende un incienso, se sienta en la postura de la flor de loto y con voz pausada nos dice: “Olvidamos que no hay nada en esta Tierra que podamos poseer para siempre. El cuerpo, por ejemplo; no importa cuánta atención le prestemos, dura sesenta, setenta, ochenta años y luego muere. Si vivimos centrados en el alma, en vez de en el cuerpo, estamos viviendo en lo Eterno y para lo Eterno”. Berni Granados y Johana Ortiz no se le quedan atrás. Ellos también regresaron trasmutados del viaje al Tíbet o al menos dejando traslucir por primera vez un ser místico y compasivo que llevaban por dentro sin que los demás lo sospecháramos. Johana, con una mirada límpida de profunda paz interior y una voz aterciopelada opuesta a su sonsonete nasal habitual, nos dice sin titubear: “¿Por qué el desasosiego? Viene del apego a nuestro cuerpo, a nuestra vida terrestre. Es el apego el que nos hace empezar a preocuparnos por el cuerpo. Sin embargo, en esta vida humana no hay nada que realmente se pueda lograr definitivamente. Una vez muertos, nuestros gustos y aversiones, todo lo que definía nuestro Ego, deja de existir. Acordándose de esto ya no hay motivo para el apego o para estar tan irritado con lo que ocurre. La paz interior se obtiene contemplando la impermanencia”. Berni, a pesar de este nombre tan poco sugerente de profundas filosofías, es quien ahonda en el complejo concepto budista del desapego. “En nuestra cultura occidental –nos dice Berni enfundado en una bata que no delata sus bien torneados y lustrosos músculos–, el desapego budista tiende a interpretarse como valeverguismo”, dice y nos regala una sonrisa a modo de disculpa por esa palabra ordinaria. “Desapego no quiere decir indiferencia”, continúa y se adentra en el espinoso tema del amor, elegante como un gato en la noche. “El verdadero amor implica el desapego. Significa que podemos amar sin volvernos locos; podemos involucrarnos y preocuparnos sin estar atados a nuestro Yo, sin crear un caos en nuestra mente y en nuestro medio ambiente. Cuando no actuamos de modo compulsivo y egoísta, entonces sí que somos capaces de amar de verdad al prójimo o a nuestra pareja”. Edgar Barrantes, modelo al fin y al cabo leído y estudiado (tiene una carrera universitaria), ahonda en esta paradoja entre amor y desapego: “El desapego es sostener nuestra libertad, permitiendo, también, ser libres a quienes amamos. El desapego no es abandono, por el contrario, es un acto de amor incondicional. Quien ama verdaderamente, deja libre al otro”. Los otros tres viajeros espirituales fueron Gabriel Garro, Karen Brenes y Kathryn Arbenz. Esta última, quizás por no ser realmente lo que se dice bella, es más aguda que los demás. Es ella quien nos regala la joya de la entrevista, la frase que nos dará para pensar durante mucho tiempo: “La incertidumbre es el camino que conduce a la libertad”. |
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