Ya no basta con aplicarle correcciones, Wármix: a usted deberíamos aplicarle una correccional.

Por Víctor Hurtado Oviedo
Ilustración: Adián González Rizo © 2010

–Profe: Nues por a lavarme pero yo pienso igualito comusté y creo q la gente debes presarse correjtamente. Lotro día el viceprecedente de los médicos dijo que ser dentario es malo para la salú pero yo creo q tener dientes es incluso bueno. Q yo no tenga dientes no mim pide sentar un presidente denunciando los engaños, pero una duda me asalta en pleno descampado del idioma: q hasta yo puedo estar esquivocado y q ser dentario tenga sus malos inconvenientes. Cómo le sacude el intelejto esta elejtrizante questión profe? Lo saluda el orguglio de la clase Wármix Méndez Gómez!

–Irrespirable Wármix: No me gusta calumniar sin motivo, pero siempre he pensado que, cuando el error sale de compras, vuelve con usted. ¿Cómo ha logrado tal sagacidad para la incultura? No lo niegue, fallido Wármix, mi dilecto hombre-errata: acepte que usted tiene un don, un sexto sentido para no entender. Ya no basta con aplicarle correcciones, Wármix: a usted deberíamos aplicarle una correccional.

Todos nos equivocamos, pero ¿cómo hace usted para cuidar hasta los mínimos detalles del error? Usted es un relojero de la confusión. No sea modesto, deteriorado Wármix, ya que estamos entre amigos: reconozca que, cuando usted no comprende, nada se le escapa. Usted tiene un talento casi mágico para convertir en realidad las más abracadabracantes pesadillas del idioma, y –siempre en la vanguardia– ha dejado atrás la mera contracultura para convertirse en el primer escritor de la recontracultura.
 
Aparte de esos méritos, me parece que nadie ha dicho que “ser dentario” daña la salud, oiga. ‘Dental’ y ‘dentario’ y son los adjetivos que corresponden al nombre ‘diente’: “desarrollo dentario”. Lo que usted ha oído, suicidable amigo, es que el ser sedentario perjudica la salud pues el ejercicio activa las funciones físicas. (Usted está salvado porque su idea-fuerza es la flojedad del pensamiento.)
 
Todo comienza con la idea de ‘silla’. Esta palabra española proviene del término latino ‘sella’, abreviación de ‘sedula, sedla’ (asiento pequeño). La ‘sedes’ era un asiento grande (como un sillón), y la ‘sedula’, uno menor (la silla). ‘Sedes’ significó también el lugar donde se halla (se asienta) una institución; por esto decimos ‘Santa Sede’ al Vaticano, el sitio donde vive el obispo de Roma –o sea, el papa–. A la vez, los sillares eran las piedras sobre las que se asentaba un edificio.
 
Así pues, descartable Wármix, ‘sedentario’ equivale a “estar sentado o inactivo durante mucho tiempo”. Estar sedado es estar sentado e inconsciente por efecto de una substancia sedativa: “El tóxico de la lectura sedó a Wármix”. ‘Sedimento’ es el poso (de un líquido) que se asienta, como la borra del café. Algo similar vale para ‘residuo’ (lo que queda de algo) y ‘asiduo’ (quien está sentado cerca).
 
El presidente o la presidente es “quien se sienta delante”. ‘Pre-’ nos llega del prefijo latino ‘prae-’ (antes) y del verbo ‘sedere’ (sentar). El ‘praesidens’ o la ‘praesidens’ era quien sobresalía de un grupo y se sentaba frente a este. Aquello de “la presidenta” es un error ultramoderno ya que ‘presidente’ es un término común para hombres y mujeres. Tampoco decimos “la Bella Durmienta”, y solo a usted se le ocurriría decir “la clienta”. En latín, ‘cliente’ (hombre o mujer) era quien se inclinaba (se arrimaba) en busca de la protección de un poderoso.
 
Quien se sentaba lejos de un lugar era un ‘dissidens’. Ejemplo: “Wármix es un disidente de la escuela”. A su vez, el ‘praesidium’ era un puesto militar asentado frente a un sitio. Como a los ‘praesidia’ se enviaba también a gente de mal vivir, se llamó ‘presidio’ a la cárcel. Todavía no encierran a los que hablan mal, pero tenga cuidado, Wármix, pues, cada vez que usted habla, vuelve a lugar del crimen.
 
‘Desidere’ era “estar sentado ociosamente”, en plena desidia. Es curioso que ‘desidere’ haya dado origen a ‘desear’ y a ‘deseo’. Si dijésemos “Wármix sufre posesión diabólica” (o “la posesión diabólica sufre a Wármix”), nos referiríamos a la idea de poseer, que proviene del latín ‘possidere’ (estar sentado con poder, como un rey).
 
Un primo de la silla es la cátedra pues, en griego, la silla era una ‘kathedra’: más bien, el sillón que usaban el maestro y el obispo (cuya iglesia era la catedral). Por “contacto” (o metonimia), el nombre ‘cátedra’ pasó a designar los huesos que “se sientan” y hoy se llaman ‘cadera’.

Wármix: es mejor que no trate de sentar a un presidente ya que podrían encarcelarlo por terrorista; aunque, pensándolo bien...